viernes, 10 de diciembre de 2010

Eugénie Grandet, Honoré de Balzac

“Tal es la historia de esta mujer que no pertenece al mundo en medio del mundo, que nacida para ser esposa y madre magnífica, no tiene marido, ni hijos, ni familia” (p. 202).

El párrafo anterior es el antepenúltimo de la obra, y es asimismo, el que engloba el espíritu y razón de la novela. Una mujer que no pertenece al mundo en medio del mundo… La sociedad europea de mitad del siglo XIX vive el ascenso definitivo de la burguesía como clase dominante, y como tal, ha determinado las nuevas relaciones sociales por medio de las cuales los hombres viven en sociedad.

Estas nuevas relaciones son revolucionarias desde todo punto de vista, pero cabe destacar, en función de la novela, el cambio espiritual a la que se ha visto sometido el ser humano. Las relaciones de interés primarán sobre los sentimientos nobles y puros, propios de la naturaleza humana. El amor, la comprensión, el sacrificio, el honor, la palabra… todo quedará subyugado a la fuerza dominante del dinero.

Eugénie es hija de Grandet, un avaro más preocupado por la acumulación de dinero que del bienestar de su hija y esposa. Un hogar que recibe apenas lo necesario para llevar una vida decente. Eugénie crece en una cápsula que la ha apartado del mundo exterior, manteniéndose incorruptible de las relaciones establecidas entre los hombres.

Dos familias burguesas de Saumur, provincia bajo la cual se desarrolla la historia, compiten por obtener la mano de Eugénie y así ganar los favores del viejo avaro. Sin embargo, los planes no serán tan sencillos porque Eugénie se enamora de su primo, Charles, quien se encuentra en una situación bastante difícil.

Dos fuerzas contrarias se debaten respecto al destino de Eugénie: el amor enfrentado a la avaricia. El corazón de ella se alza victorioso entre la avaricia y la conspiración, pero no así el mundo al que pertenece su padre y Charles. La avaricia de ambos da por tierra las ilusiones de amor.

Esta novela representa, a mi modo de ver, un contraste bastante interesante entre Romanticismo y Realismo. Por un lado, encontramos los valores exaltados y puros del Romanticismo, pero así mismo, nos encontramos con un retrato crudo de la sociedad propio del Realismo. Este contraste muestra la lucha entre los sentimientos del hombre y la sociedad corrupta por el dinero. Pensaría que es un realismo a fuerza de las circunstancias, un realismo que exalta los ideales del Romanticismo pero que coloca de relieve la realidad cruda y descarnada que aniquila esos ideales. Al final, es un romanticismo consciente que la sociedad burguesa aniquila el ideal humano.

En el trasfondo hay una cuestión importante: ¿el dinero para qué? Para el avaro burgués el dinero tiene valor en sí mismo, mientras que para Eugénie es un medio de alcanzar la felicidad y asegurar el bienestar de los hombres.

“Así fue como el padre y la hija habían contado cada cual su fortuna; él, para ir a vender su oro, Eugénie, para lanzar el suyo a un océano de afecto” (p. 122).


EUGÉNIE GRANDET. GRANDES CLÁSICOS DE LA LITERATURA, BIBLIOTECA EL NACIONAL. SERIE II VOL. 19 EDITORIAL PLANETA.

viernes, 15 de octubre de 2010

Delirio, Laura Restrepo

Esta es la novela ganadora del premio Alfaguara de novela en 2004.

Cuatro historias que se entrelazan dan vida a la novela. Por un lado, la zozobra y la angustia de Aguilar, un antiguo profesor universitario que luego de regresar de un viaje encuentra a su esposa, Agustina, en el cuarto de un hotel y sumida en el delirio. Su historia es la búsqueda de explicación frente a ese cambio sorpresivo, investigando lo más hondo de su pasado con el fin de encontrar respuesta.

La segunda historia tiene como protagonista al Midas McAlister, un hombre de negocios y amigo de la familia de los Londoño, de la cual pertenece Agustina. Esta historia se narra a manera de monólogo donde este personaje le va contando su historia a Agustina, cómo la conoció, así como las jugarretas y los negocios turbios con el hermano y el padre de ella que en definitiva le llevarían al infortunio.

La tercera historia se refiere a la propia Agustina durante su infancia, la relación con su padre, el amor por su hermano pequeño y el conflicto de los dos últimos.

La última historia se desarrolla en Sasaima, en la finca de sus abuelos maternos. La locura de su abuelo, la paciencia y amor abnegado de su abuela, la distancia respecto a sus hijas, el silencio de su madre Eugenia.

A mi modo de ver, esta es una fábula de la realidad colombiana. En una palabra, de su delirio. La historia de sus abuelos se antoja sobre la corriente del realismo mágico, y creo que esta referencia nos hace recordar a Macondo, a ese lugar olvidado y al Buendía que ha perdido la razón. Ese Buendía que ha perdido la memoria como metáfora de la pérdida de memoria de Colombia. Ese delirio de antaño que aún nos atormenta.

Por otro lado, ese pasado se entrelaza con el presente de la Colombia de fines de los años ochenta. El narcotráfico y su bonanza de dólares, bonanza de la que fue beneficiada la clase alta de este país; esa misma clase arribista e hipócrita que vive de las apariencias.

Siento que la figura de Aguilar representa al colombiano, ese ser honesto, amable y paciente que se encuentra inmerso dentro de una trama que no comprende y de la que tampoco es responsable. Agustina simboliza el delirio de la sociedad colombiana, ese rumbo perdido, la superstición infundada. Todas los personajes simbolizan una cara de la sociedad colombiana, desde el Midas McAlister cuya carrera de ascenso social se la debe al narcotráfico y a las apariencias, hasta la madre de Agustina, Eugenia, quien simboliza esa clase alta decadente, arribista y ocupada en mantener las apariencias, sin importarle la realidad.

Es una excelente novela que permite bastantes miradas. Un trabajo que tiene tanto de psicológico como de sociológico. En pocas palabras, un sublime examen de la sociedad colombiana.

Por pasajes tiende a volverse un poco pesada, dando la sensación de que le sobran palabras y que la historia no avanza. No obstante, los hilos tejidos durante el recorrido encuentran salida al finalizar la novela, aunque algunos cabos quedan sueltos.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Oliver Twist, Charles Dickens

Una conmovedora historia de un niño huérfano que debe arreglárselas de los abusos a los que es sometido. Pero a pesar de los maltratos y la corrupción, mantiene sus principios morales sobre toda adversidad. No deja de ser el niño amoroso, bondadoso y bueno, ese ideal de Charles Dickens de la bondad.

Cabe destacar los vívidos personajes de la novela, unos malos muy malos y unos buenos muy buenos. Pero siempre complejos y muy reales.

La novela es una profunda crítica social de la sociedad inglesa de la primera parte del siglo XIX, donde advierte la maldad y los caminos de perdición a los que se enfrenta el alma humana, pero también resalta la bondad, que al final saldrá victoriosa. En la novela es claro el contraste entre el bien y el mal, alternando momentos de gran felicidad con otros de profunda desesperanza. Al final del relato, ese bien y ese mal se enfrentan con la moraleja de que la maldad, tarde o temprano, se paga.

Es en ese enfrentamiento que considero decisivo a Nancy, una niña ladrona de 17 años, que a pesar de haber "elegido" el mal camino, se arrepiente y ayuda de manera decisiva a Oliver frente a las intenciones de Fagin y su misterioso socio Monks. Nancy convive en los dos bandos, su amor por el bandido Sikes y la leatad que debe a la banda de Fagin, en contraste con la compasión sentida por el drama de Oliver y su decisión de ayudarlo. Es probable que sin su ayuda, el mal hubiese triunfado.

En mi opinión, es un realismo idealizado, o si se quiere, un realismo potenciado.

viernes, 10 de septiembre de 2010

El Buen Sirviente, Carmen Posadas

Aristotiquia y cacotiquia, la racha de acontecimientos encadenados, uno detrás del otro como en un compás de buena o mala suerte. Tal vez sea una burda cuestión de percepción, lo cierto es que una racha de esas, y más si es de buena suerte, genera en el sujeto inquietud y una duda de ¿cuál es el precio por ello? y ¿hasta cuándo la suerte dará un giro de retorno, como un péndulo?

Ese es uno de los temas de la novela de Carmen Posadas, El Buen Sirviente, que cuenta la historia de una exitosa fotógrafa, Inés Ruano, quien en su 45 cumpleaños recibe la visita de dos extraños hombres, los cuales aducen el cobro del alma de Inés por un supuesto pacto realizado en días anteriores, y en el cual se explicaría su nueva buena racha de ella...

Es un simple camelo orquestado por su madre Beatriz, una mujer que a pesar de sus próximos 63 años es una bella mujer donde el tiempo se ha detenido (literalmente), manipuladora y titirera de los designios de su hija, con la que comparte un secreto y una relación casi antagónica.

La novela se divide en dos partes: "El primer engaño" y "El segundo engaño". La primera parte se refiere al engaño de la madre, el segundo al engaño es de..., -esta es la parte interesante de la novela-. En realidad, la primera, que es un poco más larga, se antoja un poco lineal y monótona. Inclusive el engaño en su cumpleaños que cabría esperar un relato más rico, literalmente hablando, es incluso un poco simplón.

Decía que en la segunda parte la novela llega al verdadero engaño y lo que considero es lo más interesante de la novela: el Diablo y su efectivo cobro de almas a sus buenos sirvientes, quienes por diversos motivos, desde el amor inocente a la fama o el poder, la han vendido. Y digo genial, porque no vemos al Diablo con cachos y cola haciendo maldades... lo vemos en la "huella que va dejando tras de sí" y eso lo logra bastante bien Carmen Posadas.


En general. es buen libro con una excelente demonología y un estilo narrativo bien logrado. Aunque siento que le sobran algunas páginas y en ocasiones los personajes son monótonos.


El Buen Sirviente
Carmen Posadas
Editorial Planeta, 2003.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Breve Análisis de Crimen y Castigo

de Fiódor Dostoievski*


Crimen y Castigo, una de las obras cumbres de Dostoievski y de la literatura universal, nos presenta un retrato psicológico de distintos personajes dentro de un contexto marcado por temas como el crimen, la justificación del mismo, el castigo y la redención (que es diferente al castigo). Bien podríamos establecer cierta simetría contrapuesta entre crimen-justificación y castigo-redención.

Crimen-justificación

Esta primera dualidad se presenta en la novela desde la primera parte cuando Raskolnikov, el personaje principal, debate internamente respecto a la posibilidad de llevar a cabo “un asunto” que ha estado rondando su cabeza desde hace tiempo… asesinar y robar a una vieja anciana y usurera (Alena Ivanovna). En la superficie, el objeto de aquel crimen es provisionarse de al menos 3000 rublos, los cuales serían suficientes para salir de la miseria en que se encuentra y terminar los estudios de la universidad que ha abandonado y alivianar la carga de su madre quien le envía el poco dinero que puede desde su pueblo natal.

En medio de sus divagaciones llega una carta de su madre en donde consta que su hermana, Dunia, está comprometida con un comerciante que ha logrado fortuna a través de una vida dedicada a los negocios; este acontecimiento encona en Raskolnikov el orgullo, ya que es consciente que su hermana está sacrificando su vida al casarse con este personaje con el fin de asegurar un futuro más cierto a su madre y a él. Se propone resueltamente impedir tal unión. En esta particular condición, el plan adquiere bríos en la medida en que el dinero que logre obtener del robo a la vieja usurera será la base con la cual librar a Dunia del sacrificio que está dispuesta a cometer.

Por otro lado, Raskolnikov ha escrito un artículo en cierta revista en donde expone sus ideas respecto a la escisión de los hombres entre los superiores o “extraordinarios”, quienes tienen el derecho y, podríamos decir, la obligación de cometer ciertos crímenes por el bien de la humanidad, por lo cual se les será reconocido e incluso alabado; y los hombres inferiores u “ordinarios”, cuya única función es obedecer las leyes y cumplir su función de reproducir la raza humana. En este punto, cabe resaltar que Raskolnikov es un profundo admirador de Napoleón y su obra.

En resumen, al momento de cometer el crimen, parecen confluir dos justificaciones… la primera, de tipo pragmático, es simplemente abandonar su miseria y evitar el sacrificio de su hermana; la segunda, de un sentido más elevado y noble…, librar a la sociedad de un ser despreciable, avaro y miserable que se aprovecha del sufrimiento y la necesidad de los más débiles.

Detrás de la segunda justificación, Raskolnikov asume su pertenencia al rango de hombres “extraordinarios”, lo que representa en él un carácter altivo, orgulloso y uraño. En este sentido, se aprecia un doble sentido con el nombre Raskolnikov, puesto que en ruso “raskol” significa “escisión”. Es decir, Raskolnikov ha decidido separarse del resto de seres humanos, lo cual constituye la base de su psicología.

Sin embargo, aunque se aparenta una doble justificación, prima la segunda sobre la primera. Esto se hace evidente por dos circunstancias al momento de cometer el crimen. En primer lugar, al momento de asesinar a la vieja y a la hermana de ésta, Isabel, se percata que durante el acto la puerta ha estado abierta todo ese tiempo como producto de un aparente “descuido”. Esto denota, a mi entender, un fuerte afán de ser visto, a un exhibicionismo latente en su inconsciente de comunicar su noble obra. En segundo lugar, respecto al botín del robo, Raskolnikov lo oculta rápidamente sin siquiera hacer un inventario del mismo; durante toda la obra jamás hace uso de éste ni razona respecto a su destino… en una palabra, es secundario.

Resumiendo esta dualidad crimen-justificación, el crimen se justifica en un complejo de superioridad y escisión de Raskolnikov frente a la sociedad, lo cual le da el valor moral de juez y verdugo… sin aparente temor de castigo ni de remordimiento.

Hacia el final de la novela en diálogo con Dunia en relación a la implicación moral de su crimen, Raskolnikov le declara:

«-¡Bien es verdad que no procedía conforme a las reglas de la estética! Decididamente, no comprendo por qué es más glorioso arrojar bombas contra una ciudad sitiada que asesinar a hachazos a una persona. La falta de estética es el principal signo de la impotencia. Jamás lo comprendí como ahora, pero menos que nunca comprendo tampoco cuál fue mi crimen. ¡Nunca fui tan fuerte y estuve tan convencido como en este momento!» p.339.

Creo yo que este diálogo es una de las dos cumbres aleccionadoras de la obra. En este punto, su remordimiento y angustia gira en torno a la “estética” del acto… su incomprensión de ¿por qué glorificar el asesinato de miles o millones de personas frente a la insignificante cifra de una sola…? eso se debe, tal vez, a la “estética” del crimen… las bombas -y en general, la guerra- despliegan lo más avanzado de la ciencia y la técnica humana… podríamos decir que es casi un arte, un espectáculo… mientras que asesinar con un hacha denota un método primitivo y vulgar. Cuando Raskolnikov afirma que “La falta de estética es el principal signo de la impotencia” podemos concluir que lo que separa la gloria y admiración de un Napoleón de la vulgaridad y repudio de un Raskolnikov son los medios y la escala… pero lo que Dostoievski quiere transmitir es que ambos crímenes son repudiables y que tanto en un caso como en el otro, la justificación del crimen basado en actos nobles o de seres “extraordinarios” no tiene razón de ser. En varias ocasiones llama la atención que, especialmente al principio, Dostoievski da el título a Raskolnikov de “nuestro héroe”.

Es una mordaz crítica social a la concepción de hombres superiores o extraordinarios que por su condición poseen cierta licencia por sus actos criminales. Una desmitificación de esos seres separados o escindidos de la sociedad. Tal vez, y sin temor a hacer una hipérbola, es posible leerla como una crítica al Estado, la milicia y a grupos revolucionarios de su época como órganos que se autoproclaman escindidos de la sociedad y con auto indulgencia de llevar a cabo actos “nobles”. En la obra, Raskolnikov se compara a Napoleón, quizá la intención de Dostoievski es comparar a Napoleón con Raskolnikov.

Castigo-Redención

La segunda dualidad se refiere a la consecuencia del acto: el castigo. Por una parte, es el precio o penitencia que la ley de los hombres impone sobre los crímenes. En este caso se asociaría a la condena recibida por Raskolnikov. Pero, por otra parte, el verdadero castigo es el conflicto moral y psicológico que lleva a Raskolnikov a la confesión de su crimen, aún sabiendo las posibilidades de quedar impune o huir de San Petersburgo.

Durante el primer año de presidio puede decirse que Raskolnikov sufre el castigo de la reclusión y el castigo moral de empecinarse en el carácter noble y superior de su acto… de su separación moral y espiritual con sus compañeros de presidio aún cuando físicamente convivan juntos…

De este doble castigo, el primero tiene un plazo fijo de 8 años, mientras que el segundo es indefinido. El primero se salda con la apertura de las puertas, el segundo se salda con la Redención.

En este aspecto, se recurre a un fuerte sentido cristiano. El capítulo en que Raskolnikov confiesa su crimen a Sonia le pide leer el pasaje de la Biblia que hace referencia a la resurrección de Lázaro por Jesús como símbolo del deseo redimirse y nacer de nuevo. Posteriormente, cuando Raskolnikov se despide por última vez de Sonia para dirigirse a la comisaría, ella le da una cruz de ciprés mientras que ella guarda una de plata como símbolo de su unión y compañía incondicional de Sonia. Él, en un tono burlón, lo asocia a cargar la cruz… el trayecto a la comisaría implica pasar por una plaza, ponerse de rodillas, besar el suelo y expiar su crimen… en el proceso se humilla y los transeúntes se burlan de él. Es clara la asociación con el camino que realizara Jesús a la crucifixión.

Ya en el presidio, la Redención viene de mano del amor de Sonia. Cuando creyó la posibilidad de perderla tras una breve enfermedad, Raskolnikov se abre al profundo sentimiento del amor que siente por ella, es ese amor que destruye su orgullo pretencioso. He aquí, en mi opinión, la segunda cumbre aleccionadora de la obra:

«De repente, y sin que el preso supiera cómo había sido aquello, una fuerza invisible le arrojó a los pies de la joven. Lloró y le abrazó las rodillas. En el primer momento Sonia quedó sorprendida y su rostro se tornó lívido. Se levantó rápidamente y, toda temblorosa, miró a Raskolnikov; pero le bastó aquella mirada para comprenderlo todo. Una felicidad inmensa se leyó en sus ojos radiantes; no había la menor duda que aquel hombre la amaba, de que la amaba con amor infinito. Por fin, había llegado aquel instante.
»Quisieron hablar y no pudieron. Los dos estaban pálidos y extenuados, pero en sus rostros enfermizos brillaba ya la aurora de una renovación, de un completo renacimiento. El amor los regeneraba; el corazón del uno encerraba un inagotable manantial de vida para el corazón del otro.» p.357.

Por otro lado, el castigo en el presidio es algo extraño, incluso secundario, comparado  con el castigo moral. El cumplimiento de la condena física es insignificante frente a la condena moral. Anterior a su redención, Raskolnikov se cuestionaba sobre el sin sentido de salir de prisión «¿Para qué vivir? ¿Con qué objeto?» p.353. No obstante, y posterior a la Redención,

«Resolvieron esperar, tener paciencia. Les quedaban siete años de estancia en Siberia. ¡Qué intolerables sufrimientos y qué infinita felicidad debían de llenar aquel lapso de tiempo!» p.357.

Luego de este «completo renacimiento», Raskolnikov regresa a su celda y nota de inmediato que los demás detenidos, sus antiguos enemigos, le miran con un aire diferente y responden a su saludo con afabilidad… «Ahora lo recordaba y comprendía que debía ser así». Es decir, gracias al amor, Raskolnikov reingresa a la comunidad de los hombres, regresa a ese estado que ahora recuerda y comprende, a ese estado que es el conocimiento de lo verdadero. (Raskolnikov era consciente del abismo que le separaba de los demás reos, y a renglón seguido, se mencionan a los polacos presos por motivos políticos y algunos rusos –un antiguo oficial y dos seminaristas- que menospreciaban a los demás reclusos y se separaban de éstos. El sabe bien que están equivocados).

En conclusión, vemos que el orgullo y el egoísmo significan la separación de los hombres, mientras que el amor es la unión. En este sentido, el último párrafo de la novela declara:

«Pero aquí comienza una nueva historia, la historia de la lenta y progresiva recuperación de un hombre,  de su renovación y de su paso gradual de un mundo a otro nuevo. Esto podría constituir el  tema de un nuevo relato; el que nos propusimos contar ha terminado». P.357.

Considero que el aspecto que mejor engloba el trasfondo espiritual de la obra es el sueño que en medio de su delirio tiene Raskolnikov en la enfermería del presidio:

«Le pareció ver el mundo entero desolado por una terrible calamidad sin precedentes que viniendo del centro de Asia había caído sobre Europa. Todos debían perecer, excepto un reducido número de privilegiados. Unas triquinas de especie desconocida, seres microscópicos se introducían en el cuerpo de las personas, pero aquellos seres eran unos espíritus dotados de inteligencia y voluntad. Los individuos infectados por ellos se volvían instantáneamente locos furiosos.
»Sin embargo, y aquello resultaba bastante extraño, jamás los hombres se habían creído tan sabios, tan en posesión de la verdad como se creían aquellos infortunados. Jamás habían tenido tanta confianza en la infabilidad de sus juicios, en la solides de sus conclusiones científicas y de sus principios morales. Pueblos, ciudades, regiones enteras se veían atacadas por aquella enfermedad y perdían la razón. Todos se hallaban agitadísimos e incapaces de comprenderse los unos a los otros. Cada cual se creía en posesión de la verdad, y, al contemplar a sus semejantes, se golpeaba el pecho, lloraba y se retorcía las manos. No se podían entender acerca del bien y del mal, ni sabían a quien condenar ni a quien absolver. Las personas se mataban entre sí bajo el impulso de una cólera absurda. Se reunían hasta formar grades ejércitos, pero una vez comenzaba la campaña, el desacuerdo relajaba a las tropas, las filas se rompían y los guerreros se arrojaban unos contra los otros, degollándose y devorándose. En las ciudades tocaban constantemente a rebato, daban continuamente el toque de alarma, pero, ¿por quien y por qué motivo? Nadie lo sabía y todos estaban en constante sobresalto. Se abandonaban los oficios ordinarios porque cada uno proponía sus ideas, sus reformas, y no había manera de ponerse de acuerdo. La agricultura estaba completamente abandonada. Las gentes se reunían en grupos aquí y allá se ponían de acuerdo para una acción común y juraban no separarse, pero al cabo de un momento olvidaban la resolución que habían tomado y empezaban a acusarse a batirse y a matarse. Los incendios y el hambre completaban aquel triste cuadro. Todo perecía: hombres y cosas. La calamidad extendía cada vez más sus devastaciones. En todo el mundo podían salvarse únicamente algunos hombres puros destinados a restaurar el género humano, a renovar la vida y a purificar la tierra; pero nadie vía aquellos hombres por ninguna parte, nadie oía sus palabras y su voz».

*Versión en español, PERYMAT LIBROS S.A., Colección Clásicos Inolvidables. México DF.